En Argentina, una empresa de tamaño mediano procesa en promedio cientos de documentos contractuales por mes. Cada firma manuscrita implica un ciclo largo: impresión, envío postal o escaneo, seguimiento manual, devolución, archivo físico. Este proceso toma en promedio 5 días y cuesta entre 15 y 35 € por documento (papel, franqueo, tiempo de gestión administrativa).
La firma electrónica reduce este ciclo a pocas horas, sin desplazamientos, sin impresión, sin riesgo de pérdida. Los firmantes reciben un enlace por correo electrónico, firman desde su teléfono u ordenador, y el documento firmado está inmediatamente disponible para todas las partes.
Más allá del ahorro de tiempo, la firma electrónica aporta una trazabilidad superior al papel: cada acción está marcada con fecha y hora y registrada, haciendo imposible la impugnación de buena fe de la firma o la fecha del compromiso.